Sordos que hacen teatro. Un instituto de audición y lenguaje que estimula la expresión corporal. "Si en los colegios de personas oyentes a algunos colegiales les gusta el teatro, aquí a todos les encanta", dice un profesor. Son muchas las habilidades que a veces se les desconocen a los niños sordos. Las palabras se desgranan de sus manos mientras los ojos retienen cada gesto: así se comunican los 50 niños sordos que estudian en el Instituto Integral de Audición y Lenguaje, Sentir. Y es que en esta institución, fundada hace ocho años, se considera que el lenguaje manual de los sordos es la mejor manera que ellos tienen para comunicarse y la ven como una lengua más. Por eso todos los profesores hablan con las manos en sus clases y los padres reciben talleres sobre esta forma de expresarse. Además, se estimulan actividades como el teatro y la danza, "los oyentes creen que esto es imposible para un sordo", asegura la directora de Sentir, Myriam Corredor. Explica además, que son tantas las habilidades que a veces se les desconocen a los sordos que por eso su institución decidió enfatizar en la parte artística. Fruto de ello es el Festival de Teatro para Sordos que se realiza en septiembre y que este año realizará su tercera versión. "Cuando empezamos, solo participaron cinco de las diez instituciones que invitamos", asegura. Pero cree que el esfuerzo vale la pena porque los niños tienen oportunidad de mostrar habilidades que generalmente pasan desapercibidas.
La fonoaudióloga Patricia Prieto, que trabaja cono intérprete en Sentir, explica que los sordos son muy expresivos tanto con el rostro como con el cuerpo y que tienen gran facilidad para imitar. En cuento a la danza dice que ellosse guían por las vibraciones que sienten. Esto lo confirma el profesor de teatro, Luis Eduardo Castaño. Para él es maravilloso trabajar con los sordos porque todos tienen mucha facilidad para expresarse con el cuerpo. "En un colegio de niños oyentes a algunos les gusta el teatro, aquí a todos les encanta", dice este profesor. Esto lo demuestran varios de los niños de la institución, como Alejandro Rodriguez, de 11 años, que según Castaño es uno de los que tienen mayor aptitud para actuar. Alejandro participa con entusiasmo en las clases de teatroy fácilmente cambia de personaje. Otro entusiasta de esta actividad es Nelson Manrique Gutiérrez, que cursa sexto grado. A sus 14 años, atraviesa todos los días la ciudad para ir a clases y una de las que más le gusta es la de teatro, en la que con toda propiedad desborda su creatividad. Por ese encantamiento ya que se pensó en conformar un grupo estable y en montar dos obras: una con lenguaje manual y otra en la que solo hable el cuerpo, que es para ellos su herramientas básica de comunicación. Lunes 28 de Abril de 1997/ELTIEMPO/3H. |