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Juan Pablo López está muy triste porque las personas estan muriendo en las torres gemelas.

Pasaje de mi vida.

La huella de un día

El martes 11 de Septiembre llegué como de costumbre a la estación del tren ubicada en el sótano de las torres; eran las 8:20am cuando comencé a subir las escaleras que conducen al centro comercial; al llegar a éste observé el panorama y la rutina de siempre: personas de todos los orígenes y nacionalidades dirigiéndose en forma afanosa hasta sus lugares de trabajo. Se respiraba en el ambiente los diferentes perfumes acentuados por el comienzo del día y el olor a café fresco que despedían las cafeterias allí existentes invitando a algunos a un desayuno apresurado consumido por lo general en el ascensor, el pasillo o cualquier lugar de paso en su trayecto. Caminaba presuroso observándolo todo como es mi costumbre de detallista forzozo de cuanto ocurre a mi alrededor por aquella particularidad incambiable de no escuchar nada y tener que percibir todo con la maravilla de mis ojos.


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Pocas veces había visto indigentes en aquel lugar, pero me llamó la atención el ver a dos de ellos de aspecto afro-americano ante la mirada indiferente de un guardia de policía. También observé a una religiosa pidiendo dinero para algún fin benéfico sin que en el corto tiempo que estubo frente a mis ojos recibiera la atención de alguien.

Me dirigí a la salida y pasé por el Puente peatonal que cruza la avenida y conduce al edificio de mi oficina ubicada en el piso doce justo en frente de las torres objeto de mi gran admiración. Desde este sitio en varias ocasiones, tomé muchas fotos en distintos angulos y en mis ratos de ocio me dediqué a observarlas y ví en ellas la grandeza de Dios que nos dá la capacidad de realizar obras semejantes.

Aquel día todo fué igual, como de costumbre, prendí mi computador, revisé mi e-mail. De repente sentí que mi silla se movió, creí que se tratabá de un mareo pero comprendí que nó cuando uno de mis compañeros se dirigió a otros exclamarlo de una bomba y todos corrían hacia la ventana. En el momento en que fijé mis ojos hacia abajo un escalofrio recorrió mi cuerpo, ante la imagen de un hombre joven que yacía sobre el pavimento. Su cuerpo aún se estremecía tal vez por el impacto o qué sé yo, jamás había tenido nada igual frente a mis ojos; rapidamente y no sé de dónde aparecíó un bombero y cubrió el cuerpo ya inerte con una sábana azúl; de manera inmediata empezaron a llover vidrios, papeles, trozos de fuego, un gran pedazo de metal seguido de partes de concreto; en ese mismo instante una limosina perdió el control y fué a estrellarse contra el pequeño separador que divide la calle. Para mi todo era confuso, mil ideas cruzaban mi mente; mis compañeros no podian calmar mi curiosidad, nada sabían. Del piso 12 donde me encontraba hacia abajo no parecía ser el origen de aquello. Fué la lluvia de papel que no acababa lo que me hizo mirar hacia arriba; abarqué con mis ojos en gran angulo los dos imponentes edificios y mas me horroricé al observar la inmensa nube de humo que salía de la torre norte; pensé en una explosion de gas, ó en el impacto de un helicoptero de aquellos que tanto sobrevuelan el lugar.


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Se confirmó una de mis hipótesis cuando uno de mis compañeros prendió el televisor y pude ver las imagenes repetidas de lo que teníamos frente a nosotros confirmando que una nave había hecho impacto contra la torre norte. Transcurridos unos pocos instantes de estar viendo la televisión un impacto de grandes proporciones se sintió haciendo estremecer el edificio del importante centro financiero en el cual me encontraba. Eran las 9:06am. En forma inmediata se cambiaron las imagines del noticiero mostrando esta vez, el Segundo impresionante impacto sobre la otra torre, traté por todos los medios de ejercer control sobre mi mente y aclarar mis pensamientos para actuar y ponerme a salvo ante el inminente peligro que se avecinaba sobre nosotros.

La figura oportuna y sensata de nuestro jefe apareció en el acto ordenando con seguridad y firmeza la evacuación inmediata del edificio. Empezamos a salir todos en forma apresurada dejando atrás nuestras pertenencias, acompañados solo por el pánico y la incertidumbre que reinaba en el ambiente; algunos usaron los ascensores que aún funcionaban para descender, la mayoría preferimos bajar por las escaleras por temor a quedar atrapados. A medida que pasaba el tiempo el grupo se convertía en multitud. Para un edificio de treinta y pico o cuarenta písos, que alberga a 5.000 personas, cualquier tipo de salida es escasa en un momento de prisa y pánico porque no lográbamos separar una cosa de la otra. Dos descensos por escaleras que se cruzaban nos permitian contemplarnos unos a a otros en un viaje interminable de angustia y desesperación. Mi cuerpo era golpeado por los latidos del corazón que cada vez eran mas fuertes. en repetidas oportunidades algunas personas trataron de dirigirse a mí pero les hice saber que yo no los escuchaba; era mejor así, pues en mi afán de salir no podia poner atención a otra cosa, asi fuera algun detalle de lo que seguía sucediendo. El tiempo se hacía eterno y parecía que nunca ibamos a llegar al primer piso, mi preocupación crecía a pasos acelerados con los latidos de mi corazón.

Mil preguntas cruzaban mi cerebro: alcanzaremos a salir sin que las torres aplasten este edificio? Si lograremos la salida? qué vamos a encontrar? Si tuviera un teléfono podría avisar a mi familia, decirles en que condiciones me encuentro, pensaba en todos, en su preocupación. No llamaba a Dios, no le pedía, no le imploraba; hace mucho tiempo ya le entregué mi corazón y sentía que si debía morir alli, estaría con El. Mi deber era salir y mi cuerpo me lo ordenaba. La confusion y el caos reinantes hacían mas difíciles aquellos momentos, fueron quince minutos que quedaron dentro de mi, estoy seguro, para siempre. Al llegar al quinto piso, las personas que iban un poco mas abajo de este por la escalera en la cual me encontraba, comenzaron a devolverse, algo impedía que continuaramos descendiendo por ella y fué justo en el quinto donde se tornó mas lento el paso ya que todos los de la escalera este tuvimos que pasarnos a la otra, através de un medio muro dando el paso primero a las mujeres.


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Los minutos siguientes transcurrieron con un poco mas de ansiedad pues el anhelado final estaba mas cerca. Lograda la calle, la confusion era total; las personas iban y venian en forma acelerada, tropezando unas con otras; la desesperacion crecía, algunos hablaban por sus celulares y observaban las torres, el polvo y la suciedad del ambiente semejaban una ciudad en guerra, aparecian camarografos, fotografos ocacionales; una mujer joven pidio mi compañia para ir al embarcadero; donde nos hallábamos no había paso para llegar a él, tuvimos que tomar la decisión de pasar nuevamente muy cerca delas torres. No quise acercarme mas a mirar porque además del peligro, en ese trayecto me habia enterado que habian 15 cuerpos de personas que en su desesperacion se lanzar al vacio preferiendo esta espantosa muerte ante la inminencia del fuego. Continuamos en forma rápida evitando mirar mas allá, envueltos en la nube de polvo y humareda que parecía acompañarnos desde que abandonamos el edificio. Apenas nos hubimos alejado un poco no pude controlar mi curiosidad y volviendo mis ojos atrás y en las alturas del edificio la presencia vaga a traves del humo, de una persona que pedia auxilio ondeando una prenda de color blanco.

Aceleré el paso seguido por mi acompanante, hasta llegar al lugar donde muchos barcos, seguidos unos de otros, recibían el remeson del sobrecupo. Las personas desesperadas corrían al interior de ellos, otras mas mesuradas esperaban en forma ordenada la consecusión de un tiquete. Tuve suerte ya que otra persona los estaba obsequiando. Durante el viaje hacia Jersey City, no dejaba de contemplar las torres, mecidas por el vaiven que producian las olas mar.

Nunca había sentido tanta nostalgia al alejarme de Manhattan. Aldescender de la embarcación dí una últimá mirada a las torres y salí apresurado en busca del tren. Mi acompañante se alejó agradecida, tomando otro rumbo. En la parada del tren se vivía la misma situación creada desde el principio de este triste suceso caos total, sobrecupo, los trenes llenos hasta hacer casi imposible la respiración, no había destino a Elizabeth mi rumbo final, avanzamos en forma lenta y desesperante, los cambios de un tren a otro eran repetitivos. De pronto algo sucedió que alteró todavía mas el ánimo de los viajeros; el llanto de las personas, el desespero por usar sus celulares, los abrazos desmedidos, me hicieron comprender que algo peor había sucedido. Cuando me enteré que las torres se habian derrumbado, sentí algo imposible de describír, recordé cómo desde niño las torres eran mi relación com américa, Estados Unidos, mi país.


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En forma casual casi inmediata empezamos a ver la luz del sol a medida que salíamos del tunel y nos encontramos con un cielo azúl precioso como el de aquél 11 de Septiembre, paradógicamente y al fondo se vehía Manhattan pero no podía entender, no me podía ubicar; una gigantesca nube de polvo envolvía el centro de la isla y las torres gemelas efectivamente no se veían mas. Después de varios meses y tras de ser reparado el edificio de la empresa para la cual trabajo, regresé a mi rutina de siempre. Nunca olvidaré este suceso, la vida no será igual para mí ni para ningún americano. Eran el símbolo del poder, creiamos estar seguros pero ante mentes insanas no hay nada ni nadie seguro; cuántas muertes! Cuánta tristeza! Cuántas perdidas! lo cierto es que estámos mas unidos que siempre, el sentimiento patrio inigualable en el mundo es ahora mas fuerte, se siente y se ve en todo. Todos los dias recorro la misma ruta y no puedo evitar sentir nostalgia, las extraño y con ellas extraño a tanta gente que aunque no conocí dejó un vacío inútil e injusto en el mundo. En mi tambien hay un vacío contradictorio y absurdo que llena todos espacios hasta donde mi vista llega y escucha.

Atras