Javier habla la lengua de la tierra. Nada ha sabido de los sonidos, ni de la fonética del lenguaje español que le tocó en suerte por haber nacido en estas tierras del sur americano; no ha susurrado al oído del amor el íntimo "te amo" porque en la vereda, es el único que habla el lenguaje de los gestos. Nació sordo y, como consecuencia, mudo. Cali, julio de 2003. Sipaz/Nodo Valle del Cauca.
Pero Javier Saldarriaga, sembrado de silencios por ese juego de azar en que nos pone la vida por intermedio de la genética, no se quedó callado y aprendió el lenguaje de la tierra, el que domina por ser su lengua materna y se expresa con una fluidez manual maravillosa porque habla esa lengua como buen campesino que es. En las manos de Javier, la tierra eleva su lenguaje a la categoría de arte sano, ajeno a las especulaciones de las artes académicas. Con sus pies Javier amasa el barro que después, una vez domado como si fuera un potro cerrero, lo lleva a sus manos para ser transformado en camioncito, alcancía, soporte de matera o cualquier otra forma artesanal que le encapriche a su genio creativo.
Javier solo habla el lenguaje de la tierra y le basta porque sabe que trabaja con el barro que es la esencia de la naturaleza humana, porque según la Biblia..."Polvo eres y en polvo te convertirás". |