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Lina puede comunicar
El silencio da peso a las acciones y crédito a las palabras. Francis Bacon
Los niños fueron llegando en grupos pequeños al salón de clases donde se iba a realizar la competencia. Una vez estuvieron los 20 alumnos, Jorge Bazurdo comenzó a explicar la mecánica de la segunda fase del Concurso de Ortografía de Casa Editorial EL TIEMPO. A su lado, como es costumbre para los estudiantes del colegio Jorge Eliécer Gaitán, se paró un señor y con sus manos empezó a hacer señas. Estaba interpretando lo que Jorge decía.
Lina Marcela Pineda entendió todo. Ya está acostumbrada a recibir clases con un traductor. Igual les ocurre a los otros niños sordos que estudian en este colegio. En total son 70, de los 982 de la jornada de la mañana.
Alumnos oyentes y sordos comparten todas las actividades, entre ellas el Concurso de Ortografía.
Nos encontramos con una sorpresa porque la metodología que se utiliza para evaluar esta segunda fase es el dictado. Y si en alguna oración existía una palabra difícil, no había más recurso que el intérprete la deletreara. Fue así como decidimos escribir varias opciones de frases en el tablero para que los niños escogieran la que les parecía correcta, comentó Bazurdo.
Lina Marcela Pineda fue una de las que participaron con esta metodología. Tiene 17 años y cursa noveno grado. Su primer idioma es el lenguaje de señas. Sin embargo, logró sobrepasar a varios de sus compañeros. Primero quedó como representante de curso y, después, de nivel.
Yo vi el concurso como un reto personal dice ella. Practico continuamente ortografía con las personas oyentes. Ellas tienen una ventaja, pues pueden asociar la ortografía con lo que escuchan. La voz es un apoyo para la buena ortografía. A mí me toca percibir los errores ortográficos y gramaticales visualmente.
A pesar del buen desempeño que tuvo, no pasó a la tercera fase del concurso, que es patrocinado por Mattel, Kilométrico y Dixa S.A. El ganador fue Deivid Andersen Guzmán Lagos, estudiante del curso séptimo cuatro, a quien le parece muy buena la oportunidad que se les está dando a los niños sordomudos en el colegio. Así dice él se hace a un lado la discriminación.
Esta integración es posible por el Decreto 2082 de 1996, que ordena la atención en el aula regular de personas con limitaciones físicas, mentales o sensoriales y con capacidades o talentos excepcionales.
El camino hacia esta ley se abrió con la Constitución de 1991, en la que se garantiza el derecho a la igualdad, sin discriminación por razones de sexo, raza, limitaciones o excepcionalidades.
Desde entonces se produjeron varias normas referentes a la integración escolar: la Ley General de la Educación, expedida en 1994; el mencionado Decreto 2082 y la Ley 324 de 1996, que reglamenta algunas normas a favor de las personas sordas, cuyo lenguaje de señas también fue reconocido hace cuatro años.
Fue así como el Instituto Nacional para Sordos (Insor) inició en Bogotá, en 1996, un proyecto piloto en los colegios República de Panamá y Jorge Eliécer Gaitán, con 15 niños sordos. Al año siguiente, este proyecto ya contaba con el apoyo de la Secretaría de Educación Distrital, y hoy nueve colegios de la capital tienen el programa.
Este año se gradúan de bachilleres los primeros ocho niños. Por eso, los responsables de este proyecto ya empiezan a pensar en el futuro de los menores.
Estamos tocándoles el corazón a las universidades para que se unan al proyecto y los niños puedan ingresar a sus aulas , cuenta Fulvia Cedeño, coordinadora de Programas de Planes Especiales de Educación, de la Secretaría Distrital de Educación.
Además, el próximo año, el Instituto Torca empezará a atender menores sordos en la etapa de preescolar. En Medellín y Cartagena también están comenzado a pensar en la posibilidad de implementar este proyecto.
En Bogotá, 373 niños sordos se encuentran en el plan de integración, tanto en educación básica primaria como en secundaria. Nuestra meta es hacer de estos niños limitados, niños de bien. Sordos, ciegos, autistas, entre otros, deben tener un espacio dentro de la sociedad, dice Cedeño.
Julián Cala, Sandra Mora y Sandra Ruiz están en el grado octavo, uno más que el que cursa Lina Marcela. Los tres son sordos y por eso aplauden los esfuerzos que se hacen por integrar a niños sordos con oyentes.
Para ellos, la integración tomó su tiempo, pero se sienten felices de haberla enfrentado porque los ha hecho mejorar como estudiantes y como seres humanos.
Antes, sencillamente, no podíamos comunicarnos, le dijeron por señas a Jorge, el traductor, que cumplió con su misión de contar lo que ellos pensaban.
Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
27 de agosto de 2000
Autor
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El silencio da peso a las acciones y crédito a las palabras. Francis Bacon
Los niños fueron llegando en grupos pequeños al salón de clases donde se iba a realizar la competencia. Una vez estuvieron los 20 alumnos, Jorge Bazurdo comenzó a explicar la mecánica de la segunda fase del Concurso de Ortografía de Casa Editorial EL TIEMPO. A su lado, como es costumbre para los estudiantes del colegio Jorge Eliécer Gaitán, se paró un señor y con sus manos empezó a hacer señas. Estaba interpretando lo que Jorge decía.
Lina Marcela Pineda entendió todo. Ya está acostumbrada a recibir clases con un traductor. Igual les ocurre a los otros niños sordos que estudian en este colegio. En total son 70, de los 982 de la jornada de la mañana.
Alumnos oyentes y sordos comparten todas las actividades, entre ellas el Concurso de Ortografía.
Nos encontramos con una sorpresa porque la metodología que se utiliza para evaluar esta segunda fase es el dictado. Y si en alguna oración existía una palabra difícil, no había más recurso que el intérprete la deletreara. Fue así como decidimos escribir varias opciones de frases en el tablero para que los niños escogieran la que les parecía correcta, comentó Bazurdo.
Lina Marcela Pineda fue una de las que participaron con esta metodología. Tiene 17 años y cursa noveno grado. Su primer idioma es el lenguaje de señas. Sin embargo, logró sobrepasar a varios de sus compañeros. Primero quedó como representante de curso y, después, de nivel.
Yo vi el concurso como un reto personal dice ella. Practico continuamente ortografía con las personas oyentes. Ellas tienen una ventaja, pues pueden asociar la ortografía con lo que escuchan. La voz es un apoyo para la buena ortografía. A mí me toca percibir los errores ortográficos y gramaticales visualmente.
A pesar del buen desempeño que tuvo, no pasó a la tercera fase del concurso, que es patrocinado por Mattel, Kilométrico y Dixa S.A. El ganador fue Deivid Andersen Guzmán Lagos, estudiante del curso séptimo cuatro, a quien le parece muy buena la oportunidad que se les está dando a los niños sordomudos en el colegio. Así dice él se hace a un lado la discriminación.
Esta integración es posible por el Decreto 2082 de 1996, que ordena la atención en el aula regular de personas con limitaciones físicas, mentales o sensoriales y con capacidades o talentos excepcionales.
El camino hacia esta ley se abrió con la Constitución de 1991, en la que se garantiza el derecho a la igualdad, sin discriminación por razones de sexo, raza, limitaciones o excepcionalidades.
Desde entonces se produjeron varias normas referentes a la integración escolar: la Ley General de la Educación, expedida en 1994; el mencionado Decreto 2082 y la Ley 324 de 1996, que reglamenta algunas normas a favor de las personas sordas, cuyo lenguaje de señas también fue reconocido hace cuatro años.
Fue así como el Instituto Nacional para Sordos (Insor) inició en Bogotá, en 1996, un proyecto piloto en los colegios República de Panamá y Jorge Eliécer Gaitán, con 15 niños sordos. Al año siguiente, este proyecto ya contaba con el apoyo de la Secretaría de Educación Distrital, y hoy nueve colegios de la capital tienen el programa.
Este año se gradúan de bachilleres los primeros ocho niños. Por eso, los responsables de este proyecto ya empiezan a pensar en el futuro de los menores.
Estamos tocándoles el corazón a las universidades para que se unan al proyecto y los niños puedan ingresar a sus aulas , cuenta Fulvia Cedeño, coordinadora de Programas de Planes Especiales de Educación, de la Secretaría Distrital de Educación.
Además, el próximo año, el Instituto Torca empezará a atender menores sordos en la etapa de preescolar. En Medellín y Cartagena también están comenzado a pensar en la posibilidad de implementar este proyecto.
En Bogotá, 373 niños sordos se encuentran en el plan de integración, tanto en educación básica primaria como en secundaria. Nuestra meta es hacer de estos niños limitados, niños de bien. Sordos, ciegos, autistas, entre otros, deben tener un espacio dentro de la sociedad, dice Cedeño.
Julián Cala, Sandra Mora y Sandra Ruiz están en el grado octavo, uno más que el que cursa Lina Marcela. Los tres son sordos y por eso aplauden los esfuerzos que se hacen por integrar a niños sordos con oyentes.
Para ellos, la integración tomó su tiempo, pero se sienten felices de haberla enfrentado porque los ha hecho mejorar como estudiantes y como seres humanos.
Antes, sencillamente, no podíamos comunicarnos, le dijeron por señas a Jorge, el traductor, que cumplió con su misión de contar lo que ellos pensaban.
Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
27 de agosto de 2000
Autor
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